MEMORIA DEPORTIVA

Efemerides-Recuerdos Deportivos: Los hechos mas importantes en la historia del deporte argentino y mundial. Los recuerdos de las figuras mas trascendentes. Las anéctotas. Las imagenes.Las opiniones.

19

de
Noviembre

VILAS, REY DE LOS MAESTROS

El argentino Guillermo Vilas quien ganó el Torneo de Maestros de 1974 jugado en Melbourne al derrotar en la finalal rumano Ilie Nastase.

19

de
Noviembre

VILAS, LA HAZAÑA EN EL CESPED AUSTRALIANO

La llegada del cordobés David Nalbandian la final del Torneo de Maestros  de Tenis de Shangai marca un hecho histórico ya que es la segunda vez que un argentino llega a esa instancia decisiva del tradicional torneo que cierra la temporada. El primero fue en 1974 Guillermo Vilas, quien en su participación inaugural en el certamen se adjudicó el título en Melobourne, Australia. El hito de un nuevo argentino en esta instacia merece que recordemos la hazña del marplatense lograda hace 31 años

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–En el césped de Australia, hace 31 años, Guillermo Vilas festejó el Día del Maestro–

El pase mágico de zurda dibujó sobre el césped del court de Melbourne una pelota ganadora que transformó a Guillermo Vilas en el inesperado ganador del Torneo de Maestros de 1974, un hito del deporte argentino que cumple tres décadas y que proyectó al mejor tenista argentino de todos los
tiempos a su condición de leyenda.
Con tan sólo 22 años, en su segunda temporada como profesional
en la ATP, Vilas escribió su nombre en el torneo que reunía a los
mejores jugadores del mundo tras derrotar en una final apasionante
de cinco sets al defensor de la corona, al rumano Ilie Nastase.
Aquel 15 de diciembre de 1974 (aunque en Argentina por
diferencia horaria se festejó el 14) y sobre el difícil piso de
césped del legendario estadio Kooyagong de Melbourne, el ‘zurdo’
marplatense ganó esa final por 7/6, 6/2, 3/6, 3/6 y 6/4 para
clausurar un año inolvidable.
Vilas en esa temporada ganó seis títulos del circuito, récord
que lo consagró como ganador del Gran Prix (la carrera de
campeones de esa época) y el número dos en la ranking mundial,
detrás el díscolo norteamericano Jimmy Connors.
Nadie daba un viejo peso por el argentino en esa edición del
Torneo de Maestros que reunió a los más grandes de esa temporada y
que se jugó sobre una superficie donde Vilas no se sentía cómodo,
una situación que lo llevó a viajar dos semanas antes para
intentar adaptarse.
La falta de presión al no ser considerado por la crítica como
candidato hizo que Guillermo pudiera desplegar durante los cinco
partidos que disputó un juego casi perfecto, mezclando un estilo
agresivo de ataque con su ya notoria apuesta a la potencia
física.
Así dejó en el camino, en la primera fase, al local John
Newcombe, un especialista en hierba, luego al sueco Bjon Borg, a
quien apabulló en dos sets, y al neocelandés Onny Parum, otro
experto en la superficie.
En las semifinales eliminó, en un partido de gran calidad
técnica, al mexicano Raúl Ramírez en cuatro parciales, tras perder
el primero, para alcanzar la final ante Nastase, sin dudas el gran
favorito.
Vilas reconoció tiempo después que en este certamen le
’salieron todas’ e incluso llegó a lograr ante Newcombe una marca
que nunca más pudo registrar en su extensa y gloriosa campaña
deportiva: 12 aces en un mismo partido.
La final mostró el amplio talento de dos jugadores que además
marcaban dos etapas en el tenis Mundial: el ‘mago’ Nastase, el
dueño de una muñeca prodigiosa ya era una figura fundamental de
ese momento, y marcaba la generación que había llegado después de
Rod Laver, Manolo Santana y el nortemericano Stan Smith.
Vilas era la sangre nueva, la camada de la revolución y uno de
los abanderados de la contracultura del Tenis tradicional, junto
al sueco Borg, y en menor medida ‘Jimbo’ Connors.
Al no tener que demostrar nada, ‘Willie’ desplegó un tenis
fantástico y luego de ganar los dos primeros parciales, fue
doblegado en los dos siguientes, un resultado que abrió la
posibilidad para que la experiencia del rumano se impusiera
finalmente.
Sin embargo, el ímpetu del argentino, esa sangre ganadora que
fue su sello de fábrica durante más de 17 años en el circuito, le
dio alas para volar hacia la hazaña y demostrar al mundo que había
nacido un número uno, más allá de los caprichos del ránking.
Tras la última bola, Vilas arrojó la raqueta al cielo y comenzó
a beber el dulce néctar de la gloria, que como ningún otro alcanzó
luego de muchas horas de sacrificio.
Seguramente, pasaron por su mente los primeros peloteos en el
garage de una quinta en las afueras de Mar del Plata, el frontón
del club Náutico donde recibía los sabios consejos de Don Felipe
Locicero, un peluquero de profesión, apasionado del tenis.
Esa secuencia hoy convive con sus triunfos épicos en Roland
Garros, US Open, Abierto de Australia y algunas tristeza como no
poder ganar la Copa Davis, o el castigo inmerecido que recibió de
los ‘dueños administrativos del tenis argentino’ por sus osadías.
El padre del tenis argentino, el que llegó para revolucionarlo,
para quitarle el traje de etiqueta elitista y transformarlo en un
deporte del pueblo, reconoció poco tiempo atras que paga aún la
irreverencia de pretender que a un estadio ingresen libremente
todo tipo de espectadores.
Ese que antes de su aparición que sólo podían concurrir
aquellos que eran socios de los clubes tradicionales de este
deporte y sus ‘invitados selectos’.
Guillermo Vilas disfruta feliz hoy los 31 años de su primera
gran hazaña, una piedra fundacional en su carrera, que tiene
vigencia en las nuevas generaciones de tenistas argentinos que
pelean todos los días para heredar su trono de figura legendaria.
ROB/

17

de
Noviembre

PLATENSE-LANUS, UNA DEFINICIÓN POLEMICA

La eterna noche de los 22 penales para definir un descenso– 
 – Las manos del arquero de Platense Oscar Miguelucci
aferraron sobre su palo derecho el remate que realizó el
delantero de Lanús Jorge Cárdenas para asegurar un triunfo
de "los Calamares" por 8 a 7 en definición de penales y
asegurarse, tras un partido dramático, la permanencia en
primera división.
    A 28 años de esa noche cargada de tensión y polémica, aún
hoy muchos de los más de 24 mil espectadores que colmaron
el viejo Gasómetro de avenida La Plata festejan o se quejan,
según el color de la camiseta que corre por sus venas, del
resultado de un partido que pasó la historia.
    El triunfo de Platense en la definición por penales inauguró
una serie de rachas positivas del ahora club de Vicente López
para zafar del descenso que se mantuvo inquebrantable hasta
la década del noventa.
     Esa noche del 16 de noviembre de 1977, Platense y Lanús
debieron definir el tercer descenso de categoría en un partido
desempate, tras finalizar uno de los campeonatos más
extensos de la historia del fútbol argentino y que se había 
adjudicado River Plate.
      Tras un pálido empate sin goles luego de 120 minutos de
juego, ambos equipos debieron jugar su suerte en una
definición de penales que tuvo tres series y alcanzó los 22
remates.
    En esa circunstancia el juez del partido, Roberto Barreiro
cometió una grave falla al permitir que el jugador de Platense,
el delantero Miguel Arturo Juárez ejecutara dos remates–
ambos fueron goles– antes que patearan todos los integrantes
del equipo, tal cual lo establece el reglamento.
    Por esta acción, Lanús inició una protesta ante la
Asociación del Fútbol Argentino que prosperó muchos años
después, cuando el club "granate" ya estaba en Primera C, y
que terminó con una compensación económica por parte de
la AFA.
    La campaña de Platense en el último tramo del campeonato
había sido muy negativa con una sola victoria en 17 fechas y lo
ubicó en el antepenúltimo de la tabla de posiciones con 38
años junto a Lanús de otra magra campaña.
   Eran tiempos sin tabla de promedios, y los dos últimos
lugares fueron para Ferro Carril Oeste y Temperley que
perdieron la categoría y quedó el tercer lugar para algunos de
los dos protagonista de la historia que de definió en la vieja
cancha de San Lorenzo.
    La primera serie de cinco penales finalizó cuatro a cuatro
con dos penales atajados, uno por el arquero de Lanús Rubén
Sánchez y el restante por Miguelucci.
      En esta primera de la definición ejecutó el primer remate el
delantero "calamar" Juárez que luego sería la piedra del
escándalo de este choque emotivo.
        En la segunda serie cada equipo ejecutó dos remates por bando y los cuales se  convirtieron uno para cada equipo, mientras Niro de Platense desvió su ejecución y el arquero de esa formación, Miguelucci atajó el segundo de su cosecha personal.
      En esta segunda de la definición ejecutó el primer remate el
delantero "calamar" Juárez que luego sería la piedra del
escándalo de este choque emotivo.
      Con el resultado cinco a cinco se inició la tercera serie que terminó con eficacia perfecta ya que ambos equipos convirtieron los dos tantos, en una noche que parecía sería eterna para el sufrimiento de los hinchas presentes en el estadio de la avenida La Plata.
   La definición llegó en la cuarta etapa de remates penales, que tuvo la carga emotiva de una final: el primer remate para Platense fue marrado por el defensor Peremateu que estrelló un derechazo en el poste.
    Inmediatamente después, el arquero "granate", Rubén Sánchez ejecutó muy mal su remate que fue atajado por Miguelucci, quien ya a esa altura construía su imagen de héroe para la hinchada "calamar".
      En el penal vigésimoprimero, el controvertido Miguel Arturo Juárez marcó el último gol para Platense y dejó con toda la responsabilidad al delantero Cárdenas para que Lanús mantuviera la esperanza de continuar la definición.
   La medianoche fue testigo de la gloria y del ocaso, la hazaña en las manos de Miguelucci quien atajó su cuarto penal y le regaló a la gente de Platense la alegría de quedarse en primera.
    Por su parte, Cárdenas se quedó hundido en una inmensa tristeza ante la realidad de un descenso anunciado por una magra campaña durante todo un año.
    El festejo tuvo la significación de un título para Platense que se resistió a abandonar el viejo Gasómetro y gritó hasta cansarse mientras lo jugadores se colgaban del alambrado y Miguelucci era llevado en andas por todo el campo de juego.
     Era justamente el portero del ganador la piedra de la polémica, por un lado fue el artífice de la hazaña con sus atajadas, y por el otro el único protagonista de la cancha que no pateó ningún remate.
    El reglamente es en eso muy claro: deben ejecutar todos los integrantes del equipo –inclusive el arquero– para después recién comenzar a repetir pateadores.
    Lanús mordió el polvo de la derrota pero luego protestó y se quejó por las irregularidades. El reconocimiento llegó casi cuatro años después cuando ya militaba en la primera C, muy lejos de la gloria que intento abrazar esa noche de noviembre de 1977.
ROB/

17

de
Noviembre

El loco festejo “calamar”

Festejos de los jugadores de Platense luego de la quedarse en primer división luego de una dramática definición por penles en la cancha de San Lorenzo, el 16 de noviembre de 1977.

10

de
Noviembre

RUGILO, EL LEON DE WEMBLEY (1951)

El arquero de Vélez Sarsfield en su tarde consagratoria en el estadio de Wembley en Londres

10

de
Noviembre

ARGENTINA-INGLATERRA: HISTORIAS PARA CONTAR

Grillo y Rugilo, dos historias argentinas ante los creadores
del fútbol–
   Las atajadas insuperables del arquero Miguel Angel Rugilo y el gol imposible convertido por intermedio de Ernesto Grillo son hitos inolvidables de las primeras páginas gloriosas en la historia futbolística entre las
selecciones de Argentina e Inglaterra.
   Una actuación consagratoria de Rugilo, que se ganó la tarde
del 9 de mayo de 1951 el apodo del "León de Wembley", fue el
primer capítulo de un choque que se convirtió con el correr de
los años en un verdadero clásico del fútbol Mundial.
   Ese día, la selección argentina pisó por primera vez el
legendario estadio de Wembley, la "catedral del fútbol" en
Londres, para enfrentar a los "inventores" este deporte, en un
partido donde los "albicelestes" sorprendieron al exquisito
paladar del público inglés.
   En la cuna del fútbol, Argentina abrió el marcador de cabeza
a los 17 minutos de juego, por intermedio del delantero Mario
Boyé, luego de recibir un preciso centro de Angel Labruna.
   El 1 a 0 despertó a los ingleses, que se lanzaron como "piratas
al abordaje" hacía el arco argentino, donde Rugilo comenzó a
"agrandarse" y atajó cada balón envenenado que llegó a su valla.
   El arquero de Vélez Sarsfield sostuvo el invicto de su arco
hasta los minutos finales del encuentro, pero en los últimos
cinco minutos la presión de los británicos originó el empate
salvador.
   En tiempo de descuento, la ambición inglesa tuvo su premio
con un gol que escribió la primera historia de "polémicas" en
este choque, cuando los locales obtuvieron el tanto del triunfo
en una jugada de clara posición adelantada.
   El honor de los inventores del fútbol quedó a salvaguarda,
pero también en ese momento nació el prestigio del juego
argentino, que en su primera presentación europea se ganó los
aplausos y los elogios de la crítica especializada.
   Dos años después llegaría el desquite para Argentina cuando
Inglaterra visitó Buenos Aires para disputar dos partidos
amistosos que fueron esperados con gran ansiedad por el público
local.
   Sin dudas, el encuentro del 14 de mayo de 1953 entró en los
anales de la historia grande del fútbol argentino cuando los
"albicelestes" se impusieron por 3 a 1 en el estadio de River
Plate, en un partido en el cual el delantero de Independiente
Ernesto Grillo construyó un gol de antología.
   Los ingleses ganaban 1 a 0 cuando el "pelado" Grillo consiguió
un gol fantástico al rematar desde un ángulo imposible y vencer
al arquero inglés Ditchbuirn.
   La jugada nació por la izquierda del ataque argentino, Grillo
se llevó el balón e ingreso al área casi bordeando la línea final,
cuando todos esperaban el centro para la definición, Grillo envió
un zurdazo increíble que ingresó al arco inglés junto al primer
palo del guardameta.
   El ángulo imposible hizo que las 85.483 almas presentes en
el Monumental quedaran paralizadas por la definición electrizante
de la maniobra del delantero, en un gol que hasta la conquista
maravillosa de Diego Maradona, 33 años después, en 1986, sería la
mayor obra maestra del fútbol nacional.
   Tal fue la maravilla creada por el puntero izquierdo que el
presidente de la nación de entonces, Juan Domingo Peron, quien
presenció el partido desde una butaca pegada a la línea de cal,
saltó de su asiento y festejó como un hincha.
   Con otro gol, de Grillo y el tercero de Rodolfo Micheli,
Argentina ganó 3 a 1 y ese triunfo épico contra una de las
selecciones más poderosas del mundo generó que ese día quedara
instituido como el Día del Futbolista en la Argentina.
   Otra particularidad fue que la Selección Nacional alistó en
ese encuentro y en el desquite de tres días después a la delantera
completa de Independiente compuesta por Micheli, Carlos Cecconato,
Carlos Lacasia, Grillo y Osvaldo Cruz.
   El 17 de mayo se disputó la revancha de aquel encuentro que
debió ser suspendido a los 23 minutos del primer tiempo -iban 0 a
0– a raíz de la fuerte lluvia que azotó a Buenos Aires.
   Ese día, al Monumental concurrieron 91.397 personas cifra
récord para cotejos de la selección nacional de local.
   ROB

8

de
Noviembre

Quiero leer tu opinion

 

A partir que leas estas notas que rememoran hechos importantes en la historia del deporte argenino y mundial, sería interesante que me escribas y me narres que recuerdos te sugieren estos acontecimietos o si la figura que es homenajeada tiene algún significado es tu vida.

  Si de alguna forma u otra participaste de este evento, como espectador,  o eras chico y lo viste por televisión, contame tu experiencia..

  Muchas gracias.

   

8

de
Noviembre

8

de
Noviembre

BOX-CARLOS MONZON- 35 AÑOS DEL TITULO MUNDIAL

Los golpes de Carlos Monzón fueron
blancos certeros en la humanidad del ídolo italiano Nino
Benvenuti, quien se desplomó vencido ante el estupor de miles de
romanos, testigos de como caía una estrella del boxeo y nacía un mito.
Un Monzón frío y estrátegico cumplió al pie de la letra con
su libreto y sorprendió al hombre que era figura del deporte y del
cine en su país, y lo venció en forma inobjetable para dar inicio
a un reinado que lo llevaría a la gloria deportiva.
El principio de la era de Monzón como campeón del mundo
cumplirá mañana 35 años, y en la fecha de las efemérides
deportivas argentinas, no es un día más, porque fue la génesis
para la campaña con mayor gloria de un monarca ecuménico de estas
tierras.
La llegada del boxeador nacido en Santa Fe el 8 de agosto de
1942, cerró una etapa de dominio de dos pugilistas: Benvenuti y
el norteamericano Emille Griffith, quienes se prestaron durante
gran parte de la década del 60 el título de los medianos.
En esos años Monzón construyó su campaña nacional, debutó en el
profesionalismo en 1962 de la mano de un maestro que fue
cincelando su perfil de boxeador demoledor: Amílcar Brusa.
Sin embargo, no fue un pugilísta que encadilara con su estilo a
los grandes públicos y, a pesar de alcanzar los títulos argentinos
y sudamericano –venciendo al ídolo local Jorge Fernández– no
lograba por entonces una aceptación popular.
Su figura esmirriada, su táctica de boxear a distancia, y con
estrategias de quebrar a sus rivales con golpes tácticos para
luego noquearlos sin piedad, se alejaba mucho del estilo más
tradicional y de variedad de golpes que degustaban los habituales
asistentes al mítico Luna Park.
De todas formas, el promotor Juan Carlos Lectoure se obsesionó
con conseguirle una oportunidad al santafesino y mientras le traía
rivales extranjeros para foguearlo, realizaba gestiones para
alcanzar la meta.
Así, luego de vencer a varios boxeadores internacionales como
Douglas Hountley y Thommy Bethea, a quienes derrotó sin
dificultad, y de empatar con el norteamericano Benny Briscoe,
Monzón alcanzó el primer lugar en el ranking mundial.
Con esa presión "Tito" Lectoure logró una oportunidad para
pelear por la corona, aunque en las condiciones más desfavorables:
en Roma y en una fecha muy cercana (solo se confirmó tres meses
antes el combate y dejó a Monzón con poco tiempo de entrenamiento).
El visionario promotor argentino aceptó el desafío con la
seguridad que era una oportunidad que Monzón no desaprovecharía y
así sumó su firma a un contrato que solo le garantizaba al
santafesino una bolsa de 15 mil dólares.
Benvenuti era un gladiador con cara de galán de cine que
estaba en el mejor momento de su carrera y entendió que el choque
con Monzón era uno más antes de enfrentar una vez más a su rival
eterno: Griffith.
"Escopeta" viajó a la ciudad eterna apenas con un grupo de
colaboradores, mientras en Buenos Aires muy pocos daban "un peso"
por la suerte del argentino, a quien consideraban inferior a la
calidad del gran campeón italiano.
Sobre el escenario del Palacio de los Deportes Monzón
desplegó su mejor libreto, y con la potencia de su izquierda, que
penetró las veces que el argentino se lo propuso en el rostro de
Benvenuti, fue resquebrajando el físico del campeón.
Así, ante el estupor de propios y extraños, Monzón arrinconó en
la vuelta duodécima al italiano, que intentaba escaparse
infructuosamente de una demolición anunciada, y lo golpeó a "placer".
Las gelatinosas piernas del italiano se doblegaron y su cuerpo
quedó a los pies del nuevo campeón mundial, vencido, sin defensa,
en una muestra cabal que se producía una bisagra en la
historia de la categoría mediano.
Desde aquella noche emblemática del 7 de noviembre de 1970 ya
nada fue igual: muerto el reinado de Benvenuti, nacía la leyenda
de Monzón, el mejor boxeador argentino de todos los tiempos.
ROB/

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